OPINIÓN PERSONAL
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Lo había remarcado en
una entrada donde me refería a Bukele: “A pesar de no hacer referencia de sus
colegas de la región, obvio está al tanto de sus movimientos gubernamentales”.
Y me dio la razón: este lunes iniciando el mes y cerrando el día, me estremeció
ver como el presidente de El Salvador citó en un tweet al presidente Petro,
mismo donde le respondía respecto a la arremetida contra la política de
seguridad del gobierno Salvadoreño.
Es sabio priorizar que fue lo que dijo
el primer mandatario de Colombia y porqué inmutó al líder centroamericano: Aun
dejando claro que no podía intervenir en la situación de ese pequeño país,
Petro no se desprendió de su necedad y equívocamente afirmó que “los reos
salvadoreños son jóvenes en campos de concentración bajo condiciones dantesca.
Asimismo reconoció que se hayan bajado los índices de violencia en ese país,
pero recalcando que todavía así, el camino no es el sometimiento”. Hasta aquí,
solo había defendido la criminalidad de una elite tatuada con símbolos apológicos
a las pandillas que integran y manchados de sangre desde sus calvas, hasta los
meñiques de sus pies. No obstante, lo interesante fue cuando su mitomanía se
evidenció una vez más y continuó su declaración: “nosotros logramos lo mismo,
la tasa de homicidios y violencia se redujo, pero no a partir de cárceles sino
de universidades, de colegios, de espacios para el dialogo”. ¡Qué bonito sonó!
¿Qué tan cierto? Veamos: “El señor Petro Urrego aunque ha estado activo en
política durante décadas, no administró ningún recurso público importante sino
hasta que fue alcalde de Bogotá, tarea realizada entre 2012 – 2015 y, en su
gobierno, -que pudo haberse dado el mérito del que hoy hace alarde-, no hizo
tanto como se esperaba; entre ellas, las dichosas universidades que expuso.
Se suponía que construiría dos nuevas
sedes de la universidad distrital, pero para mala fortuna, jamás fueron
entregadas. Lo que hizo fue dejar en construcción y avanzada la sede en Bosa.
Después de todo, no es lo mismo adelantar que entregar una obra, pues hasta los
corruptos las dejan en construcción y nunca las terminan, por lo que nadie le
celebra el hecho de dejarlas en proceso. De la otra sede, ni hablar (…) así que
es falso lo citado por el mandatario; 2) En su campaña por la alcaldía, prometió
1.000 jardines infantiles, de los que solo entregó 6. Lo más vergonzoso de este
hecho, es que su administración en realidad solo entregó 4, puesto que los
otros 2 restantes venían de la alcaldía del corrupto Samuel Moreno; 3) De los
colegios que hizo referencia, bajo su promesa de campaña prometió 100 nuevos,
aunque su meta se redujo a 30, e intervino 56 colegios existentes, lo que no es
lo mismo a construir que remodelar. Según el balance de la secretaria de
educación de la Bogotá Humana entregaron 25 colegios: 10 que ya existían y
fueron intervenidos, 8 que terminó eran la administración anterior y 7 colegios
privados que compró para que fueran públicos. Sin embargo, ninguno de los 30
colegios nuevos que prometió fue entregado; eso sí, dejó 23 en construcción.
Mintió una vez más.
Bukele inocentemente
ignoró lo que enfaticé anteriormente, por eso se limitó a contestarle de la
siguiente manera: “Señor Petro, los resultados pesan más que la retórica. Deseo
que Colombia logre realmente bajar los índices de violencia. Dios los bendiga”.
Agradecido de haber
llamado la atención del popular líder, Petro le respondió: “Pues Nayib, pasamos
de 90 homicidios por cada 100.000 habitantes en 1993 en Bogotá, a 13 homicidios
por cada 100.000 habitantes en 2022, no hicimos cárceles sino universidades. Te
propongo un foro internacional.”
¿Petro se dio cuenta
de lo que dijo? Bueno, Bukele si que tuvo en cuenta su aporte y, desconcertado
de grandilocuentes pero extrañas cifras, le contestó: ¿Desde 1993? ¿30 años?
¿Usted gobernó 30 años? ¿Bogotá? No es usted presidente de Colombia? Nuestra
experiencia: “De más de 100 homicidios por cada 100,000 habitantes la cifra es
de solo un digito. La reducción fue rápida, porque los muertos no se
recuperan”.
Y como el presidente
tuitero no se rinde, siguió: mostró una imagen estadística donde reconocía el
trabajo de Mockus; lástima que en ella se visualizaba la información de un
hecho histórico, empero se dio entre 1962 a 2020, (59 años), lo que estaba
fuera de lugar respecto con las cifras de El Salvador, dado que rebajar
vertiginosamente la tasa de homicidios en casi 4 años (de Bukele), no es nada
comparable con bajarla en casi 6 décadas, y peor, ni siquiera en un mandato
suyo.
Parece que con esto
quiso cementar su pulso, pero fugazmente terminó reconociéndole el trabajo a
las administraciones que tanto criticó, lo que evidenció su incoherencia y
falta de raciocinio, pues ridículamente dejó esas críticas a un lado solo para
“ganarle” a Bukele; que falta de seriedad.
Lo correcto era
compartir datos adscritos a los más de 45 millones de colombianos (del
territorio total) frente a la población de El Salvador; eso sí, le habría
tocado exponer lo que logró su archirrival Uribe Vélez. Igual, habría perdido
la pugna, pero no habría quedado como un zopenco. Risas…
Bukele como quien
dice: “a palabras necias, oídos sordos”, lo dejó hablando solo. Tal
vez se concentró en seguir persiguiendo pandilleros, contrario a Petro, que
siguió tuiteando.
Curioso y oportuno
que alrededor de unas 12 horas después de la conflagración virtual, aterrizó un
grave evento de orden público que desarmó al representante gubernamental
colombiano y que terminó exponiéndolo como un bocón, que no sabe cómo controlar
su país y que siente con la autoridad moral de brindarle lecciones a quienes si
saben: “79 policías fueron retenidos, digo, SECUESTRADOS por campesinos en el
corregimiento de Los Pozos, en San Vicente del Caguán, (Caquetá), donde opera
la petrolera Esmerald Energy. Los uniformados habían sido enviados al lugar
para atender la problemática entre los habitantes del sector y la empresa”.
Ahora bien, ¿se dan
cuenta de la gravedad del asunto? mismo que terminó mostrando la falacia de
líder progresista, sus fantasiosas cifras de reducción de la violencia y la
vulnerabilidad de la fuerza pública. Es dable subrayar que vilmente murió un
policía degollado y un campesino.
¿Entonces, a qué juega Petro? ¿Qué es
lo qué tanto presume que ha hecho? ¿Por qué el empeño de insultar nuestra
inteligencia?
¿No le fue suficiente
con que Keiko Fujimori lo vaciara en una breve declaración? Hace semanas ella
le exigía que no metiera su nariz roja en el Perú, debido a que ese país le
había costado mucho acabar con el terrorismo interno, motivo por el que no
aceptarían la injerencia del terrorismo internacional. No contenta con su
dureza, continúo su mensaje excluyendo la cordialidad con quien no se la ha
ganado y hasta le alcanzó para tildarlo justo de lo que siempre ha sido: un
GUERRILLERO.
Tampoco le ha sido
suficiente con que el mismo congreso de ese país lo declarara persona non
grata. Lo cierto es que, a pesar que no se ha referido de nuevo al manejo de un
país donde no tiene velas, indirectamente si lo ha hecho: “Terminando el mes de
febrero se atrevió a citar el tweet de una persona donde exponía la decisión de
Dina Boluarte de retirar al embajador del Perú en México, cuya relación solo se
limitaría a los negocios. El individuo describía a AMLO como un imbécil por
intervenir en asuntos que no le competen. Entonces, ahí mismo salió Petro a decir
que la imbecibilidad la estaba viendo en otro lado. ¿Y saben? su respuestas no
solo fue necia, sino también estúpida, pues la palabra “imbecibilidad” no
existe como tal, lo correcto y existente es “imbecilidad”. Y si, cualquiera
comete un error ortográfico, ¿pero él?, que tanto se cree un líder mundial, el
mesías autentico; no es permitido. Si tanto se cree el mejor, lo más coherente
es que actúe como el mejor.
Frente a las tensas
relaciones que Petro ha iniciado, el análisis recae en que, raro hubiese sido
que el presidente colombiano enalteciera y tomara de ejemplo el manual de El Salvador para mitigar los efectos del crimen, en vista de que estos 6 meses de mandato (más lo de campaña), ha hecho lo que tanto añoró: “darle indulto a los
bandidos, aumentando el caudal de impunidad y constando su antítesis frente a
lo realizado por el gobierno centroamericano”.

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