OPINIÓN PERSONAL
TWITTER: @Re_esceptico
Me sigo preguntando, ¿por
qué putas piden experiencia laboral para tareas tan básicas?; por ejemplo,
limpiar un maldito piso o remover la mugre de cualquier instalación. La respuesta
no tiene obviedad, la justificación resulta imprudente, aparte de descarada.
Curiosamente me topé
con el tweet de alguien que parecía ser una reclutadora de talento humano, y
que en cuyo texto citaba su inconformidad para con aquellas personas que no se venden
de manera adecuada en el momento que tratan de acceder a un puesto de trabajo. Me imaginé que se refería
a que no se toman enserio el proceso de selección por el que compiten, por lo
que terminan brillando con una expresión corporal inútil, inseguridad excesiva
y una ansiedad imprudente que denota una postura poco convincente.
Desde los 16 años he
hecho entrevistas; no sé cuántas, tampoco es que tenga una extensa bitácora,
pero si el registro suficiente para opinar por experiencia propia. Sin embargo,
ese copo de experiencia entre un evaluador y yo, como postulado, me ha hecho
detectar algo importante, y es que saber venderse -como decía la chica-, no lo
es todo. Me pareció un poco desacertado lo dicho, aunque si bien, tiene algo de
razón, mi respuesta a su tweet también tenía la suya; o más bien, las suyas.
Cuando respondí su
comentario, lo único que me importaba era que lo leyera. Y si posteriormente silenciaba
la conversación; que lo hiciera, pero no antes de haberlo leído. Cité el
interrogante: “¿Venderse?, lo único que vende es la experiencia, lo demás es
paja”. No pretendía seguir con lo expuesto, no obstante surgieron mis bases de
repente, por lo que decidí abrir un hilo en ese mismo comentario, agregando: “…las
empresas priorizan cubrir sus vacantes con personal experimentado, que no le
cueste adaptarse, aunque sea un puesto fácil. Y seguí:… lo digo porque hace una
semana tuve una entrevista y pude percibir que me iba de maravilla (como en
todas desde mi percepción), no obstante, justo cuando llega el momento de comentar
sobre mis cargos anteriores les digo que si tuve, pero solo 6 meses, y no es
nada afín a lo que buscan, entonces venía lo tradicional en esos casos: sus
rostros se opacaban a velocidad de centella. La mayoría notan que no están al
frente de un locuaz con sed de ejercer, pero su decisión ya ha sido tomada
desde aquel instante donde resalté mi poca, o casi nula práctica; en conclusión,
según ellos: muy bonito como te vendes, pero si conoces lo mínimo en el área,
estás muerto para nosotros. Condescendientemente me desean buena suerte y uno
que otro me ha rodeado de rosas admirando la estructura de mi vida y su
respectivo desarrollo, que hasta vaticinan futuro éxito y gran prosperidad para
mi espíritu -cosa que agradezco-, pero que de hecho agradecería mucho más si
dijeran: teniendo en cuenta tu disponibilidad total, que careces de
responsabilidad paternal, por ser soltero y sin hijos y las ganas de crecer, no
le veo muchos problemas a contratarte, y saz (…) me tiren lo que tanto
postulado quisiera escuchar: queda atento de la llamada para comenzar la
inducción. De hecho, cumplen su oración hasta la parte de “llamada”.
Es que al final, me
vale huevo si me admiran; contrátenme, pues esa será la mejor manera de
impulsar ese éxito que tanto pronostican sobre mí. No finjan empatía que eso es
muy feo, porque al simplificarlo todo, mí yo retorna al mismo punto donde
estaba: un estado deprimente de desempleo, cuya condición desestabiliza
socioeconómicamente al individuo que la padece, puesto que no soy el único en
detallada situación.
Ahora bien, cual fue la
respuesta de la twittera trabajadora de la gestión humana? Pues básicamente así
respondió: “Es que tengo un problema con la entrevista tradicional, justo
porque sucede lo que mencionas. Ojala te vaya de maravilla y no te toque tanto
tonto con poder”. Quede un poco desconcertado, casi ni le entendí a que se refería.
Analizando un poco solo pude entrever que es fácil detectar lo apenada que
estaba (cosa que no afirmó), pero que siento que si lo insinuó para después
cerrar su breve respuesta con un punteo final de empatía.
Lo expuesto en ese
pequeño hilo de twiteer me permitió destruir su opinión, y debo aclarar que no
lo hice con esa intensión, sino por lo que coloquialmente le llamaría un momento
de desahogo e inconformidad (nada alterado); en realidad, dispuesto, por lo que
refuté su declaración no compaginada adscrita con mi condición; lo interesante
es que la expresión “destruir” no es ajeno, y por eso la incluyo porque un mes después
de aquel episodio (poco relevante para mí en ese momento), me hizo caer en
cuenta para ella si lo fue: indagando en su cuenta, terminé accediendo a su historial
de tweets y respuestas, y aquel tweet protagonista aún conservaba mi
comentario, eso sí, el de la autora había sido aniquilado. Me causó curiosidad por
qué lo borró, y lo único que me conduce al desenlace, es que tal vez pensó que
su opinión basada en su experiencia propia estaba algo fuera de lugar, a lo que
algunos le llaman “opinión impopular”, y mi testimonio atravesado frustró su
tesis vendedora de la premisa sobre que la gente no se colabora así misma y por
eso tanto desempleado e informal por ahí. No trato de decir que ella pensaba
así; tal vez, tal vez no, pero es dable resaltar que estoy seguro que no
publicó su pensamiento en letras por mera mala fe, solo lo hizo y ya.
Lo cierto es que hay
personas que están predispuesta gratuitamente en esa red, a decir cosas como: “¡Oye,
no, borra eso! Es muy fácil para tí decirlo, pues gozas de un empleo (…)”. Es
que nunca falta el necio; tal vez eso la motivó a borrarlo, y bueno, ya saben,
todo es paz mental, por eso twitter trata de prestar herramientas que
administren la manera en cómo quieres que se muestren las cosas. Yo, en mi
caso, lo hubiese puesto privado; habría sido menos evidente. Y no, no fue el
software que falló, ahí mismo sobresale que lo borró por voluntad propia.
¡Ohh, ohh...! Una curiosa
imagen contempla mis ojos: es un meme, dos muñecos entablan un dialogo
caricaturesco pero bañado de condescendencia. Después de presentar su hoja de
vida el muñeco 1 le dice al muñeco 2 (el empleador) que no tiene experiencia, a
lo que el muñeco 2 le responde: bueno, pues….esperemos que aquí la consiga.
Contratado.
¿Cierto que sería tremenda
maravilla si la vida tuviera la afinidad del escenario donde se encontraban esos
dos ridículos pero satisfactorios muñecos de lápiz?
Yendo a paso seguro, no
es ajeno introducir un estresante dato: “La tasa de desempleo para este inicio
de año se haya ubicado en el 13,7%, y específicamente los desempleados ascienden
a unos 3,4 millones de nacionales”.
Que Dios se apiade de
los miles de empleados e informales, porque la situación macroeconómica de la nación
es un rotundo debacle, mientras que la selección de personal en el sector público
y privado no es tan distinto, debido a sus políticas.

Comentarios
Publicar un comentario