OPINIÓN PERSONAL
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Muchos afines del proyecto populista del hoy presidente electo, carecían de escepticismo frente a un posible gobierno suyo. Destacaron que, al tener más de 20 años en política, entonces, era el sujeto indicado para suceder a Duque. Ignoraron el hecho de que ser un supuesto “buen parlamentario”, no se traduce a ser buen administrador. Esta tesis se confirmó debido sus constantes desaciertos cuando era mandatario de la capital. Parece que los que políticos que le hicieron barra, confundieron legislativo con ejecutivo, cuya diferencia se aprende en primaria.
El inicuo ya empezó a designar sus primeras
cuotas ministeriales; y fíjense que, hasta ahora, y exigiendo mis sentidos, no
logro percibir el idolatrado “cambio”, que fue su lema de campaña. La renovación,
solo fue de boca, por eso es necesario recordar quienes serán los que repetirán
los privilegios del estado:
José Antonio Ocampo,
Minhacienda: economista de la Universidad de Notre Dame, EE.UU, y doctor en
Economía y Ciencia Política en la Universidad de Yale; hoy lidera el empalme de
la cartera de hacienda con el gobierno actual. El cargo no es ajeno, pues lo
desempeño en 1996, en el gobierno de Samper. Se sabe que es liberal
progresista, reconocido y, hasta ahora, es el menos polémico. Si fue acertada
su designación, el tiempo lo dirá.
Álvaro Leyva,
Canciller: economista y abogado de tendencia “conservadora”; eso dicen. Fue
ministro de minas y energía del presidente Belisario Betancourt. Leyva le
pasaba los recados de Santos a las Farc, durante los utópicos diálogos en la
habana.
Susana Muhamad,
Minambiente: Politóloga y ambientalista, militante de la Colombia humana. Fue
asesora de despacho en la alcaldía de Petro, por lo que no se estrena como
funcionaria.
Cecilia López:
Minagricultura: “Otra economista”. Cuota costeña de este gobierno. Fue
directora de planeación, embajadora en países bajos, senadora, y obvio, no se
me podía escapar que fue ministra de Samper: una repitente más.
Carolina Corcho,
Minsalud: Politóloga, médica psiquiatra e investigadora de salud pública.
Ejerció en la secretaria de salud, cuando Petro era alcalde. Polémica por
desprestigiar el manejo de la pandemia del gobierno actual, a pesar de que, en
el más reciente balance de Bloomberg, posicionó a Colombia en el puesto 12 a nivel
mundial, y número 1 en Latinoamérica. Tampoco acertó su pronóstico de que el
país alcanzaría la inmunización hasta el 2023. En julio de 2021 alrededor de
11,4 millones de personas ya tenían el esquema completo y, a la fecha, el que
no se vacuna, es por terquedad.
Alejandro Gaviria,
Mineducacion: Ingeniero civil, (pero no sabe nada de este sector), más bien, ha
destacado en los asuntos económicos. Fue minsalud de Santos, (donde nadie lo
conoció). Pasó por el mundo académico como rector de la prestigiosa UniAndes,
donde renunció para emprender su quemada electoral. Eso sí, como buen
hambriento de poder, aseguró un jugoso ministerio.
Iván Velásquez,
Mindefensa: Abogado, exmagistrado auxiliar de la CSJ. Fue clave en las
investigaciones de la parapolítica, también, es enemigo público del uribismo.
Se le señala de su sesgo político en la rama judicial, y de haber dejado en
evidencia su postura frente a la policía, tildándolos de reprimir violentamente
a los jóvenes que protestaron en el paro.
Podríamos hacer un
esfuerzo por ignorar las joyitas presentadas, pero haciendo énfasis en lo que
nos vendió el pacto histórico, es imposible. Con justa razón carecemos de
optimismo; por lo que nos resulta amargo tragarnos ese verrugoso sapo. Estos
nombramientos resultaron ser la antítesis del “cambio” que pregonaban en
campaña, donde advertían que era una renovación: un desprendimiento del
continuismo. Nada cuesta visualizar que hayan dos exministros de Samper, dos
exfuncionarios de Petro, y obvio la cuota Santista: Gaviria, que aprendió de su
mentor Santos, y no solo se le torció a la esperanza, sino a sus ideales, que
lo llevaron a discrepar con Petro en campaña, pero hoy, siendo su subalterno.
Queda en evidencia que el término “cambio” retornó al asfalto.
Algunos progres, callan
por vergüenza; otros, justifican el actuar del dichoso “pacto nacional”, que en
realidad es el eufemismo de “mermelada”.
Advierto: la transición
hacia el modelo autócrata de Miraflores, no está muy lejos. Al principio, el
comunismo se establece sutilmente. Sus amenazas serán un hecho, y el cinismo,
su bandera. Por el momento, sus movimientos son al estilo Santos: un Déjà vu
total.

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