OPINIÓN PERSONAL
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Carecemos de
incredulidad ante los atroces eventos presentados en los últimos días, puesto
que estamos en Colombia. Algunos millennials y unos más anteriores, hoy ven
como retorna la compleja situación que vivieron de parte de la campaña
criminal, comandada por el innombrable jefe del cartel de Medellín, cuando
prescindía de su agenda tradicionalmente manchada de sangre de objetivos
directos, para ordenar la inmediata ejecución de miembros de la policía a
cambio de jugosas recompensas.
Parecía que aún no nos
recuperábamos del lamentable suceso en Yarumal, donde Sergio Yepes, fue
acribillado junto con su compañera Luisa Fernanda Zuleta, cuando se sumó la
muerte del patrullero recién graduado, Diego Ruiz; ni siquiera pudo recibir su
primera nomina, como estrenado servidor público.
Ante el hostil momento
que atraviesa tanto la fuerza pública, como allegados y familiares, no sería más
que estúpido sorprenderse por el absoluto silencio de las ONGS, (supuesta
defensoras de DD.HH), pero con un omnipresente letrero en el que brilla su parcialidad
y su clara tendencia izquierdista. Parece que no se conmueven de igual manera,
como si lo hacen con las injustas guerrillas comunistas. ¿O es que también
comparten la idea que el Clan del golfo tiene licencia para ejercer la guerra,
como afirma la comisión intereclestial de justicia y paz, dirigida por el nuevo
comisionado de paz Daniel Rueda? De por sí, su reciproca relación con el ruin
Fidel castro, ya es cuestionable, nada raro sería que saliera en defensa de los
malos, justificando su actuar, como una simple rebelión.
No pasa desapercibido
la actitud del presidente electo, que no se inmutaba por lo que pasaba. Con una
lenta y corta reacción expreso su supuesta solidaridad con las familias
afectadas: que diferencia de cuando se mostraba activo y desafiante en twitter,
ante las protestas del año pasado. Da cierta curiosidad conocer la opinión de
las familias lastimadas, frente a qué, el gobierno entrante se sentará a
ofrecer reconciliación a los autores que enlutaron sus corazones. Mucho menos
es de ignorar, la misma posición del tipo que fungirá como jefe de la fuerza
pública. Con un falso y solapado trino se mostró empático antes las víctimas,
(como si no se supiera de antemano que detesta a esa institución). Si así fue
la posición de los que dirigirán esta fuerza en el próximo periodo; el
progresismo feminista, no se podía quedar atrás. Esas gritonas que reclaman en
las calles el derecho al aborto y el rechazo al feminicidio, resulta que ahora
se hacen las Shakiras. ¿Acaso no les causa malestar ver como Violeta Yepes,
hija del subintendente muerto, quedó huérfana y a su familia acongojada?
Cuando creímos que el
paro del año anterior, fue lo que demostró el malvado desprecio hacia los que
portan el verde, fínjanse que, ahora sí que se consolidó como tal dicho
desprecio. Mandaron un claro mensaje de resentimiento y doble moral, de la
autoría de esos mismos que hoy demandan paz.
No hay lugar para
minimizar una problemática de seguridad nacional, ya que, en nuestro patio, no
tenemos a simples bandidos jugando con pistolas de balín: tenemos a todo un ejército
haciendo una campaña de retaliación, donde no omiten ningún mecanismo para
maltratar a nuestros ciudadanos, llegando al punto de hasta contratar asesinos
especializados en armas de largo alcance. La prueba clara fue, el asesinato de
James Antonio Morales, en manos de un francotirador.
Fíjense: $1.835.000.
Ese es el mugroso saldo que cobra un patrullero en el país. A pesar de que el
gobierno actual decretó el aumento del salario, que según, no se daba en 29
años, aplicaría de diferentes valores según condiciones acordadas. Como tal, es
un logro, pero no es justo que esa “cantidad” valga la vida de un uniformado,
que cumple con más de 8 horas de servicio, y que se condena a morir en cualquier
momento, solo por portar el verde oliva.
Hasta ahora la cifra de
policías muertos este año son 308 ataques contra uniformados, 28 ataques en una
semana, según el informe de CERAC.
Entonces, ¿Cuántos más?
Ya analistas se preguntan si es una despedida a Duque, o si son hechos que se
deben a la extradición de Otoniel. Hasta ahora, en la mesa está: otorgarles el
perdón social, e incluso graduarlos de honorables congresistas. Esta entidad no
es perfecta, obvio, pero es la que más se la juega por preservar nuestra
integridad y, casi nunca se les agradece. ¡Ni uno más!

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