OPINIÓN PERSONAL
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Para nada sorprende ver que Gustavo “Mesías” Petro,
cierre su primer mes como mandatario con una favorabilidad de 56%, según la
encuestadora INVAMER. El líder progresista está como si aún estuviera
en campaña, con una impecable imagen, recién estrenado y, aunque ya comienza a
generar pequeñas fisuras en el monumento que sus seguidores fabricaron, es
imposible que cambien de percepción en tan solo un mes, y más sin son los mismo
que se creen los dueños de la verdad. Sin exagerar, esperaba mínimo 67%, y,
aunque la cifra es atractiva, me atrevería a decir que en su primer trimestre
este índice caerá por lo menos 5 puntos.
El interrogante fundamental es, ¿Por
qué atreverse a apostar vertiginosamente, y no esperar más adelante lo que pasa
con el gobierno? Pues porque su gente se me adelantó, y a las espaldas de su
jefe, apostaron quien sería el que más la cagaría. Lo interesante es que está
muy reñido.
Enumeremos los eventos de esta semana:
1) Alfonso Prada, ya mencionado en mi
anterior entrada, no me dejó hacer si quiera un break con su figura. Y como no,
si siendo el alfil que llevó al exmilitante del M-19 al poder, su tarea como
emisario no quedo desactiva. Con detonante preocupación, y pizca de tono
desafiante en una reunión, tiró al aire la idea de una movilización para apoyar
la ambiciosa reforma tributaria. Esto se puede tomar como un síntoma de
inminente desespero (tal vez porque Cesar Gaviria está pidiendo más postre, sin
que le racionen el azúcar, ya que el liberal no padece de diabetes). Esto mismo
le pasa a los de la U, a uno que otro conservador y, como ya hubo un anticipado
comunicado en el que se confirma que el Cambio Radical votará en contra de la
tributaria, dicho malestar se intensifica. Claro que si le entendimos al
ministro del interior, con eso de que “el que entendió entendió”; porque algo
seguro es que Petro tiene mejor talento para maquillar las cosas.
2) La famosa Irene Vélez, la ministra
de minas que también había mencionado en mi reseña anterior, por su alta
capacidad para hacer el ridículo, no muestra la mínima regulación en sus
pronunciamientos. Esta figura debería aplicarse una autoevaluación, para
excluir sus inaceptables desaciertos a la hora de trabajar, o mejor dicho,
improvisar. A la recién nombrada funcionaria no solo le notamos que desconoce
el sector que lidera; también le descubrimos que es una persona que no razona;
cuando lo intenta, la embarra más, y cuando la prensa le realiza preguntas
incomodas, prefiere retirarse del espacio con una pataleta de niña inmadura: un
signo claro de inseguridad, pero sobretodo, de arrogancia. Hasta ahora me
entero que se puede ser líder, sin antes desprenderse de esas injustificables
características.
3) Alex Flórez, senador del pacto
histórico. Es la cuota indiscutible del inepto Daniel Quintero (supuesto
alcalde de Medellín). Lo recordamos por haber sido el autor del sutil
codazo que le propino a Susana Boreal, en plena tarima con Gustavo Petro en la
pasada campaña. Si, este es el mismo personaje acusado de maltratar a su pareja
sentimental, por lo que le fue negado su aval en la Alianza Verde. Lo que
algunos desconocían es que era costilla y amiguis del mandatario de Medellín,
quien sacó el pecho por este grotesco y sinvergüenza congresista, que tiene
aires de superioridad y mala persona. Lo cierto es que, este tipo debería ser
declarado persona no grata en Cartagena y ser expulsado del congreso, por
haberle faltado el respecto a la honorable fuerza pública. Se le resalta que
aprendió rápido del jefe de estado, que se subía ebrio a las tarimas cuando la
gente se mojaba y se asoleaba para deleitarse con su discurso populista. ¡Vea!
en algo que son idénticos, es que los dos son mal trago. La diferencia
principal es que por lo menos Petro no se orina, ni es señalado de pretender
introducir a los hoteles a jovencitas, de dudosa procedencia.
4) Del político costeño, Benedetti, no
solo se ha hablado de sus clandestinos; bueno, ni tan “clandestinos
excesos”. En plena pandemia cuando el congreso ejercía en la virtualidad, el
entonces senador que se volvería en la mano derecha, o mejor aún, izquierda,
por ser Petro, fue observado como en plena sesión donde departía a la distancia
con sus colegas, bebía de un vaso de whisky sin inmutarse de que no era el
espacio. Ahora, como actual embajador de Colombia en Venezuela, cumple con sus
funciones en la presencialidad, pero él se siente en casa. Por eso es que aún
no logra calcular cuántos dedos de licor son suficientes para que no le detecten
su embriaguez. Esta misma semana, en un evento de la presentación del acuerdo
de la frontera, dejó claro que ha fracasado en su tarea de autocontrol. Ya me
imagino el despacho de esta joyita: relleno de finas botellas con el más mínimo
grado de calidad que complazca el sensible paladar; tal vez, hasta bartender incluido
tiene.
Debo reconocer que el nivel de
exigencia, para quedar en vergüenza, es altamente competitivo. No se sabe si
entrarán al ruedo nuevos protagonistas, o se mantendrán los mismos; de pronto quieran
conservar su pedestal. Lo que hasta ahora es claro es qué, entre más la embarren, más castigan al
país.
Nota: Rechazo el asesinato de los 7
policías en el Huila. Súbitamente fueron objeto de tan cruel atentado,
planificado por los mismos que cínicamente dicen querer alcanzar la paz. ¡Malditos!

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