OPINIÓN PERSONAL
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Cualquiera que llegó a
pensar que el presidente Petro se regularía en sus nefastos trinos, pecó por
optimista. Desde que funge como jefe de estado, no ha detenido el tecleo en su
Galaxy S22 Ultra, del que falsamente demanda austeridad, cuando éste posee como
propiedad un teléfono por encima de los 5 millones de pesos. El ignorar a sus
detractores que discrepan vía redes por sus acalorados pasos, ha sido para su
ser tarea más que difícil; asimismo como gobernar.
En campaña era normal
ver los trinos del izquierdista supremo. Se le reconoce que el escenario de las
redes lo dominaba con excelencia. Sin ser presiente aun, llegó a tener más
seguidores que el mismísimo veterano expresidente Uribe. Y cabe anotar que si twiteer
eligiera presidentes, basándose en la cantidad de usuarios que siguen a los
candidatos, temo que al exguerrillero le habría quedado factible colocarle la
lápida de la derrota a un desconocido como Duque.
Reconocer varias peleas
que generó y, otras que siguió, por no saber callar con quien lo mencionaba,
era alpiste para el petrismo, que bobamente relacionaban cada pugna con “#PeinadaDePetro,
para x individuo”, haciendo alusión al uso de términos verbales o escritos que,
según ellos, les cerraba la boca a sus críticos.
Hasta ahora me entero que
para peinar a alguien se le debe calumniar y difamar de tal manera, como lo
hizo con David Ghitis: tildándolo de “Neonazi”, cuando el periodista solo
exponía su punto de vista hacia el hoy presidente, que brevemente lo increpó de
la manera más estúpida, al no advertir que Ghitis es de origen judío; por lo
que relacionarlo con los Nazis resultó fuera de contexto y extremadamente bajo
sin excepciones, teniendo en cuenta que los datos históricos apuntan a la comunidad
judía, como uno de los sectores más golpeados en la Alemania Nazi.
Con Vicky Dávila eran casi
normales las reciprocas hostilidades con Petro. En la radio W, cuando el líder
de izquierda aún era senador, llegó tarde a una entrevista que había acordado
con Dávila. La reconocida periodista manifestó su inconformismo respecto a la
impuntualidad de Petro Urrego, a lo que éste contestó serenamente y, obvio,
excusándose de que si fuera presidente, no contaría con la disponibilidad total;
que más bien agradeciera. Es decir: “había anticipado que una vez siendo mandatario
de la república, sería reconocido por su inasistencia en los escenarios que
demandaban su presencia (cosa que está cumpliendo): desde su posesión, el
presidente ha faltado a más de 5 eventos donde había confirmado su intervención.
A casi 2 años después del
evento con la hoy directora de la Revista Semana, en directo le cortó la
entrevista después de haberla graduado de Uribista y parcializada, cuando
Dávila tildó de hampones a los vándalos del paro nacional, que bajo la teoría
de Petro no eran hampones, sino rebeldes con derecho a la revolución, motivados
por el establecimiento de un estado desigual. Unos días antes de su añorado
triunfo electoral, se comprometió con la misma periodista a respetar a la
prensa, pero dicha promesa ya venció. ¡Qué irónico!
Luis Carlos Vélez, (Director
de la FM) y Yesid Lancheros (Revista Semana) hace pocos días lanzaron
interrogantes y algunas suposiciones sobre el gobierno actual (“nada sin confirmar”),
a lo que el jefe de estado; tal vez atragantado, y sacando espacio de sus
deberes presidenciales, los citó en un tweet señalándolos como generadores de
cizaña.
Los senadores con quien
compartía recinto en el congreso no se encuentran recónditos. Al menos le ha contestado
dos veces a Paloma Valencia. Aunque se reúne con Uribe (solo para la foto, y no
para avances en materia democrática) no deja de enlodar al centro democrático
como autores de la inestabilidad en Colombia; esto también lo hace vía twiteer.
¿Acaso le tiembla su murmulla voz para restregárselo en sus caras?
Si queda algo seguro,
es que el actuar del presidente no es la novedad. Verídicamente incómoda que ni
empuñando el tridente de poder, deja de actuar como aquel niñito que expande su
llanto porque los demás ignoran sus caprichos.
Le ha incomodado tanto
el no tener una prensa de bolsillo, que le parece insuficiente que sus
escuderos lo enjuaguen; por lo que él mismo cita a sus detractores en sus
aburridos hilos de twitter.
Ya no le parece
adecuado afirmar que la subida del dólar se asocie a consecuencia de las
medidas y alocuciones del presidente, ya que ahora él ejerce el cargo; antes si
compartía esa visión. La excusa de que la escalonada del dólar se debe a la
crisis mundial, y no por sus pronunciamientos y futuras medias de restricción
con respecto a Petróleo y Gas, se están quedando cortas, por lo que prefiere continuar poniendo en duda la
objetividad de los medios, que solo informan.
Si la prensa estuviera
tan airada en su contra, entonces, ¿qué motiva a Jp Morgan ha no avalar sus
reformas, y condenar sus declaraciones; resaltando que esta entidad es
independiente? Curiosamente recordemos que el izquierdista en plena campaña
presumía a este prestigioso banco, diciendo que la entidad veía con optimismo
su proyecto económico; cosa que fue falsa en algunos puntos, y que los medios
nacionales se abstuvieron en hacer ahínco en ello. Frescamente, el reconocido
banco dejó en evidencia que los inversionistas y grandes capitalistas se toman
muy enserio los pronunciamientos de los líderes regionales; y, aunque la
intransigencia les arda, es una realidad, resultando poco complejo entender que
ningún agente foráneo querrá mal gastar su dinero en un país que no le genera
rentabilidad, a consecuencia de la presencia de un sistema gubernamental que
insiste en ahogarlos con un diluvio de impuestos.
Defiende tanto su apocalíptica
reforma tributaria (“poco a poco desbaratada”) que hace poco en su cuenta
oficial tomó como ejemplo la dimisión de Lis Truss, (del Reino Unido), para
recalcar que es descabellado bajarle los impuestos a los ricos, sino al contrario,
dejando en breve que es culpa de la ministra británica de que incluso su
partido la haya abandonado en la estación del tren, por haber querido
implementar dicha medida.
Supongo que es muy
difícil desafiar a Petro. Es normal. Todo aquel que padece de síndrome
narcisista, odia profundamente a quien lo contradiga. Ese tipo de pacientes les
resulta sencillo desenamorarse de cualquier individuo, aunque éste haya sido
considerado parte de su reino.
Lo cierto es que si
queda alguien valiente a pocos metros del presidente, sería un gran alivio para
muchos si se atreviera en arrebatarle ese Chucky-teléfono, que siempre ha
utilizado para originar malestar, en vez de bienestar.

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