OPINIÓN PERSONAL
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El mismo primero de
enero hice un tuit afirmando que sería bueno dar un feliz año, asimismo recalqué
que estaba fuera de base adornar la tradicional frase con un ‘próspero año nuevo’, porque la garantía de que exista aclamada ‘prosperidad’ durante
este gobierno, es casi nula, ya que ese mismo genera más incertidumbre que
tranquilidad, por lo que prioricé dejarlo claro.
Mi intención nunca es
ser un gruñón poseído por un radical negativismo. Más que eso, suelo adoptar
una postura objetiva y realista, que termina siendo percibida justo como lo
descrito en el primer renglón de este párrafo, y que al final me importa poco,
pues si la sociedad no es capaz de llamar las cosas por su nombre, predecir
situaciones a futuro con masificadas razones (aunque suenen poco alentadoras), y
por más que parezca incorrecto afirmar próximas complejidades en medio de suntuosos
momentos, mi persona estará dispuesta siempre a decir verdades por más que
rechinen en los tímpanos, dado que lucho por no vivir de inútiles fantasías; no es
sinónimo de ser un determinante pesimista.
Y vaya que no estaba
fuera de lugar mi inquietante primer aporte en la red social del pájaro azul. Pocas
veces suelo celebrar cuando se me adjunta la razón, en vista de que no siempre tener la
razón hace merito a un logro, pues mi posición preocupante ante un posible y
deprimente evento traería un desembarco de tranquilidad en caso de llegar a equivocarme.
Transcurría las
primeras horas del segundo día del nuevo año: después de interactuar ante los
hechos del día, me topé con el triste titular en un medio importante, que
citaba lo que sería la primera masacre registrada en el inicio del año. El
epicentro de condenable hecho estaba ubicado en Río de oro (César), donde
habían sido acribillados 4 individuos dentro de un establecimiento público.
Lo primero que hizo mi
mente no fue dictaminar que la responsabilidad recaía en el gobierno, debido a
que el occiso no había sido esclarecido por el cuerpo de investigación de la
policía. Sin embargo, se encontraba tatuado en mí el recordar que el presidente
Petro justo hace menos de 72 horas había sacado pecho por el supuesto cese bilateral
entre guerrillas y Bacrim, mismo que fue desmentido por el ELN un día después
de los fríos asesinatos en la costa.
En solo tres días del
arranque del nuevo año ya las cosas no pintaban nada bien. Aunque el cese al
fuego hubiese sido pactado realmente y respetado, esto no se traducía en que dejaría
de haber crímenes: “si bien, los criminales no solo realizan sus ruines
actividades adscritos a un grupo ilegal, basta como que un antisocial con
desequilibrio mental salga con un cuchillo y amedrente a una comunidad
cargándose a unos cuantos. Por eso el gobierno falla en vendernos que un cese
bilateral mitigaría en su totalidad la situación de orden público; se
equivocan, puesto que si fuera con todos los criminales del país, no habría dudas de
que acertarían, pero, con unos si y otros no, ningún ciudadano estará exento de
ese lastre”.
Cuando recitan “Paz
total” no solo se trata que los terroristas se abstengan a taponar el cañón de sus
fusiles, también implica que acabe el reclutamiento de menores, el tráfico de
drogas, los secuestros, las extorciones, y todo tipo de actos delictivos que
violen la constitución. Es dable resaltar que en las mesas de diálogo no solo
se discute la desmovilización armada, sino toda la desarticulación de las
estructuras guerrilleras, lo que implica que dejen todo lo represente focos de
conflicto que afecten el orden y los derechos humanos.
El tema de las fuerzas
armadas era algo que preocupaba durante elecciones. Se había predicho que debilitarían esa institución,
lo alarmante fue que se dio en tiempo record. Ni seis meses pasaron para que se
viera el ataque colectivo a los miembros de esas filas: “el ministro Iván Velázquez
no tardó en ofrecerle 800.000 COP al MinHacienda (cifra que le correspondía a
las fuerzas militares) lo que dejaría a la institución solo 48.3 billones. Y
si, seguirían siendo la entidad más financiada, pero es insólito aceptar
autoritaria medida, cuando en varios corregimientos y municipios de difícil
acceso y en condiciones precarias, a los uniformados les toca realizar su oficio a pie, por
no contar con suficientes patrullas de policía. Además, resulta que ni teniendo
ese presupuesto tan grande el crimen ha logrado contenerse a cabalidad; muchos menos si se le recortan los recursos”.
¿Y qué mensaje transmitió
el ministerio de defensa con esas medidas? Lógico, el más obvio: “una
institución entre menos financiada, más vulnerable. Y, como el mal nunca
descansa, los grupos armados han aprovechado dichas decisiones”.
Ya me imagino a los
extremistas disfrutando el desentendimiento del gobierno con la guerrilla que
tienen sentada. Les parecerá telenovela, por eso son fieles a su sintonía.
¿Y el resultado más
consecuente? Factible de registrar: 6 masacres y, todavía no acaba el mes. Aparte
de la del Cesar, se suman las 2 de Orito (Putumayo), donde en las más reciente
murieron 3 personas. En la primera murieron 5 y una quedó herida; En el barrio Ciudadela en La Unión (Valle del Cauca) fueron asesinadas 3 personas: una niña
de 8 años, un adolescente de 17 y un joven de 18 años; En Ipiales (Nariño) también
fueron acribilladas 3 personas, dos de sexo masculino y una femenina, en un club
nocturno. Y en el sector de Puerto Caracol, en Riohacha (La Guajira), fueron
encontradas calcinadas varias personas en un vehículo.
Y de masacres no solo vivimos sino de “retenciones”,
eufemismo de “secuestro”, utilizado por la complicidad progre. Esta semana 30
militares fueron privados de su libertad en el Meta. Menos mal y cierto sector clamó
optimización en su justa liberación. Ahora bien, las hostilidades no cesaron: unas
horas después en Jamundí (Valle del Cauca) detonó un artefacto explosivo cerca
de un supermercado.
¿Y los militares que hacen? Pues nada. Y no, no es culpa
de ellos que su ministro les amordace la boca e imposibilite el movimiento de
su cuerpo con una soga, para que no se encaminen en la retaliación contra los efectivos terroristas.
Boy Scouts, ¿ese será el propósito del ejército?
A cada soldado que vemos se le nota su baja moral, se sienten limitados. Es justificable, ellos se
forman para proteger su patria, lo que implica acabar con el enemigo que no
deja avanzar a su país, no para patrocinarle sus vejámenes.
Mientras tanto, lo que queda es la mercadotecnia del
gobierno que anexa los estúpidos eslóganes con que recaudaron tantos adeptos,
como: “Colombia, potencia mundial de la vida” y la añorada “Paz Total”.
Por ahora seguimos esperando los resultados de esa
carrera contra el tiempo, porque fue justo lo que se les convirtió, contando
que hace más de un año el hoy presidente en su postura de candidato, afirmaba
que bastaría con un par de días para que llegara la paz en caso de que él
ganara.
En efecto, el año en materia de orden público no
será prospero; la economía, ni se diga. La incertidumbre sobre la envenenada
transición energética, la recaudación de la estranguladora reforma fiscal y la depuración
de las EPS, era justo lo que nos advertía sobre ser optimistas.
Por ahora, sólo nos conformamos con que la fiscalía y algunos jueces no se prestan para las fechorías del ejecutivo.
¡Que Dios se apiade de los que no votamos por ese “cambio”!

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