OPINIÓN PERSONAL
TWITTER: @Re_esceptico
Gente de poca fe,
escépticos parcializados, y predictores apocalípticos cegados por sus equivocas
convicciones. Para mí, la manera más justa de describir a los medios que gozan
de buen estatus (bastante cuestionables), pues sus autorizadas, pero
equivocadas críticas, erosionan la falla tectónica donde se ancla su imperio.
Desde su cuenta de
Twitter, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, afirmó que el único medio
de comunicación que había documentado el cumplimiento de uno de sus medidas
gubernamentales, fue la revista Semana, mismo que exponía en un artículo que, “Contrario a lo dicho por los medios
internacionales, El Salvador cumplió, y no solo con el pago del bono de
vencimiento 2023, brilló por su oportuno pago de intereses”.
En la breve nota,
Semana citó: “El país completó las transferencias de los fondos y les pago a
los inversionistas tenedores del eurobono con fecha de vencimiento este 24 de
enero del 2023. El monto ascendía a 800 millones de dólares. Sin embargo, la
revista Semana confirmó que luego de las dos operaciones de compra anticipada
realizadas en el 2022, el bono se redujo a 604.1 US de capital y US 23.4”. Y
seguía: “El Salvador demostró su compromiso y responsabilidad por cumplir con
sus obligaciones, donde queda comprobada su capacidad de pago ante los mercados
de capitales, calificadoras de riesgo y los organismos internacionales”.
Junto con esto, Bukele
no reprimió lo que sintió frente a la mala fama que le habían dados algunos
medios en el pasado y, con justa causa, arremetió con los que no apostaron ni
un centavo por sus medidas económicas; entre ellos, los afamados The New York
Times, The Washington Post, Estrategia y Negocios e Infobae.
“Mintieron y mintieron
con sus analistas, pues consideraron que la bitcoin
apuesta iba a desequilibrar las proyecciones de cancelación de deuda con
vencimiento este 23 de enero, cosa que no pasó y ahora callan por sus
frustradas predicciones”, citó el popular mandatario.
En mi
opinión, Bukele es un presumido. Y vaya la calidad de presumir. Eso sí, tiene
la autoridad moral para hacerlo con justa razón, a causa de sus excelentes
resultados en la jefatura de estado. ¿Quién no presumiría sus logros después de
demostrarle a su pueblo de como realmente se gobierna, teniendo en cuenta que
las anteriores administraciones no cumplieron con las expectativas de los
salvadoreños?
El líder centroamericano
muy poco hace referencia a sus colegas de la región. Lo seguro es que, no les
tiene ni gota de envidia. Pareciera que no le importara más que él y su pueblo;
es decir, lo que realmente importa, porque si bien, para eso lo eligieron. Sin embargo,
estoy seguro que los vigila: sabe que su vecino Ortega es dictador, Maduro ni
se diga, y en el sur del continente está al tanto de que algunos son incompetentes
y detestables aliados del crimen. Citarlos seria como ayudar a promover su
figura, y no lo merecen, puesto que la mayoría comulga con lo que el tanto detesta:
el crimen.
Por eso
cuando subió un tuit que rezaba: “La paz no se consigue firmando acuerdos entre
corruptos, repartiéndose el poder entre asesinos”, uno se pregunta: ¿a quién
iba dirigido? y, asimismo, resulta fácil detectar su dirección: A Boric, a AMLO
y a Petro. Si bien, los tres son los más descarados a la hora de simpatizar con
los extremistas que amedrentan al pueblo. Es que la amnistía que el desgraciado
trio ha otorgado a varios delincuentes, ha dejado constancia que jamás se
alinearían con las políticas de su programa de seguridad. Entre ellas, el
exitoso estado de excepción, que en el
presente año la Asamblea Legislativa de El Salvador aprobó su décima prórroga.
A través de un decreto legislativo la medida se prolongará por 30 días más. Así
pues, el país cumplirá 11 meses en los que se han suspendido garantías
constitucionales.
Y de ahí
sus inefables resultados: cerrando el primer mes del año, la
Policía Nacional Civil De El Salvador reportó una tasa anualizada por debajo de
2 homicidios por cada 100.000 habitantes, la tasa más baja de todo el continente.
Asimismo, el primer día del mes de febrero cerró con 0 homicidios, siendo el
país más seguro de américa. Las anteriores estadísticas se relacionaban con la tendencia,
que ha logrado habilitar al pueblo salvadoreño para que salga sin miedo a las calles;
mientras, los pandilleros tragando de la que defecan, por ser ruines antisociales.
¡Vaya! Y Bukele no
contento con el ilustre proyecto de represión del crimen, arrancando el segundo
mes del año, inauguró el Centro De Confinamiento Del Terrorismo, obra realizada
en solo 7 meses, fundamental para ganar la guerra contra las pandillas.
Ahora bien, mientras
allá se le da un trato hostil a los delincuentes, en Colombia le apuestan a
todo lo contrario: en el recién estrenado gobierno y comandado por el ministro
de justicia, Néstor Osuna, éste mismo dejó claro que en la apuesta del gobierno
del “cambio” no está contemplado bajo ningún parámetro la construcción de
nuevos centros penitenciarios (cómo si hubieran muchos), por lo que no se financiaran
más de esas obras. Su plan de acción contra la criminalidad lo que trata es de socializar
proyectos donde se rebaje la máxima pena a 40 años, con la excusa progresista
que las cárceles no son la solución para mitigar los factores del crimen.
En efecto, si Bukele ha
estudiado de cerca o no lo que aquí se promueve, es nítido caer en cuenta que
lo propuesto por la administración Petro, es la antítesis de lo que representa la
política de seguridad salvadoreña. Entonces, Bukele, sentiría dos sentimientos
encontrados: primero sacaría una risa nerviosa (por la estupidez de este
descarado gobierno), y, posteriormente, arremetería contundentemente contra esa
misma estupidez “progre” que acabaría vertiginosamente con las garantías de
poder gozar de una sana integridad, en un país donde las masacres son como
arroz partido.

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